Por Diego Moris Carvajal. 20.08.2025. Arica posee un centro histórico de escala contenida y dimensiones acotadas, lo cual lo convierte en un territorio ideal para la experiencia peatonal. Con recorridos de escala humana que incentivan ritmos pausados y una estrecha vinculación con la geografía y la memoria del lugar, este se alza como un potencial urbano invaluable.
Sin embargo, esta vocación ha sido progresivamente desplazada por la lógica del tránsito y la velocidad y el automóvil, más que un medio de transporte, se ha transformado en el principal ocupante del espacio urbano, alterando profundamente la experiencia caminable de la ciudad.
El uso indiscriminado del auto ha convertido al centro en un territorio hostil y en constante disputa, no solo para el peatón, sino que, para la vida urbana misma, obstaculizando, de esta manera, las posibilidades de contemplación, encuentro y permanencia, elementos esenciales para una ciudad habitable.
En sus horas más agitadas, la imagen de la ciudad se ha limitado a autos estacionados a un costado de la calzada, uso de veredas para este mismo fin, tacos interminables y una oferta no menor de estacionamientos sin vacantes.
El casco antiguo, lejos de ser protegido, hoy es una zona de tránsito rápido y abandono, reflejando así, la ausencia de una política regional respecto al uso del espacio urbano, pero también de políticas en materia de movilidad.
Con un centro histórico colapsado debido a angostas calles que expresan su antigua configuración urbana y que hoy no soportan el aumento de vehículos, Arica no cuenta con una política urbana que enfrente seriamente estos desafíos de movilidad y conectividad. Se intenta desincentivar el uso del vehículo, pero ¿qué planes, programas o métodos se están discutiendo para hacer efectiva esta voluntad? El uso del suelo debe desarrollarse de manera democrática y el urbanismo, lejos de ser solo cemento y diseño, es política social, transporte, calidad de vida, cohesión comunitaria, seguridad y sostenibilidad.
No se trata de eliminar el uso del vehículo de un día para otro, o cursar partes de tránsito a modo de solución, sino de democratizar la ciudad y principalmente el centro con aquellos que lo habitan y caminan.
En ese sentido, áreas de amortiguamiento, peaje para ingresar al centro de la ciudad, una red de movilidad segura, eficaz y accesible o una progresiva peatonalización de calles, acompañada de infraestructura pública adecuada, podría revertir el maltratado uso que está teniendo el centro de la urbe.
Por otro lado, mientras el Plan Regulador no modifique los usos de suelo que ha permitido y seguirá permitiendo respecto al desarrollo indiscriminado de infraestructura para vehículos y estacionamientos en el centro, la proliferación de estos – buen negocio, al parecer – poco y nada ayudará a contrarrestar esta situación y seguirá haciendo del uso del vehículo una peligrosa normalización.
El problema de fondo es estructural: Arica no ha pensado la movilidad como parte de su planificación y crecimiento urbano y necesita con urgencia una política pública de urbanismo integral que ubique al peatón, al ciclista y al transporte público como eje importante de su desarrollo y crecimiento urbano más allá de los gobiernos de turno, porque
si lo que buscamos es hacer más turística y accesible la ciudad, las decisiones tomadas hasta ahora solo parecen haber acrecentado el malestar.
Esto implica inversión, claro, pero también y principalmente voluntad política, participación comunitaria y coordinación intersectorial.
Se trata de hacer justicia espacial, en una ciudad en que el espacio urbano ha sido capturado por la inercia y falta de visión y en donde hace falta que se reconozca el valor de su centro histórico, no sólo como postal patrimonial, sino como un espacio vital, activo y prioritario para la comunidad.

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Diego Moris Carvajal es arquitecto por la Universidad Católica del Norte, Antofagasta. Diplomado en Gestión del Patrimonio por la Universidad Finis Terrae. Pasantía en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia, Italia. Miembro del Comité Científico del Observatorio de Política Públicas Regionales.

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Las opiniones vertidas en la sesión Columnas de Opinión, son de exclusiva responsabilidad de su autor, no representando necesariamente la opinión del Observatorio de políticas Públicas Regional. Esta sesión es un especio pensamiento plural y abierto.